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Del organismo aislado a la relación cuerpo-mundo: las raíces epistemológicas de la Terapia Breve Estratégica

Este artículo explora el recorrido epistemológico que dio origen a la Terapia Breve Estratégica: desde la superación del individuo entendido como un organismo aislado hasta una comprensión relacional, sistémica y circular de los problemas humanos. A través de la fenomenología, la cibernética y el constructivismo, muestra cómo las soluciones repetidas pueden mantener el sufrimiento y cómo una intervención estratégica puede transformar su funcionamiento.

Del organismo aislado a la relación cuerpo-mundo: las raíces epistemológicas de la Terapia Breve Estratégica

Del organismo aislado a la relación cuerpo-mundo: las raíces epistemológicas de la Terapia Breve Estratégica

Antes de preguntarnos cómo resolver un problema, es necesario comprender desde qué premisas lo estamos observando.

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Introducción

La Terapia Breve Estratégica no surgió únicamente como una nueva colección de técnicas psicoterapéuticas. Su aparición fue posible gracias a una transformación más profunda: un cambio en la manera de entender el conocimiento, al ser humano y a los problemas que pueden aparecer en su relación consigo mismo, con los demás y con el mundo.

Toda forma de intervención parte de una manera determinada de observar. Antes de formular preguntas, establecer diagnósticos o proponer tratamientos, el profesional ya se encuentra situado dentro de un marco teórico que decide qué aspectos serán relevantes, cuáles quedarán en segundo plano y qué tipo de explicación se considerará válida.

Por eso, dos profesionales pueden observar una misma situación y construir explicaciones completamente diferentes. Uno puede buscar una causa interna, otro puede centrarse en la historia de la persona y otro puede estudiar las interacciones mediante las cuales el problema continúa funcionando en el presente.

La diferencia no se encuentra solamente en las técnicas que utilizan. Se encuentra, antes que nada, en las premisas desde las cuales observan.

La Terapia Breve Estratégica pertenece a una tradición que abandona la búsqueda de causas lineales y dirige su atención hacia los procesos circulares, las retroalimentaciones y las soluciones que, al repetirse, terminan manteniendo aquello que pretendían resolver. Para comprender esta forma de intervenir es necesario recorrer sus fundamentos: la filosofía de la ciencia, la fenomenología, la cibernética, la teoría de los sistemas y el constructivismo.

La ciencia también parte de premisas

La ciencia suele presentarse como una actividad completamente neutral: observa los hechos, reúne información y descubre progresivamente cómo funciona la realidad. Sin embargo, ningún conocimiento se desarrolla al margen de la cultura, de las ideas predominantes de cada época o de los presupuestos desde los cuales se decide investigar.

Cuando la ciencia se aproxima a un fenómeno, no lo hace desde un punto de vista vacío. Lo observa a partir de unas premisas que determinan qué preguntas pueden formularse, qué datos serán considerados importantes y qué respuestas podrán reconocerse como científicamente aceptables.

Durante la Edad Media, por ejemplo, numerosos estudios sobre el universo partían de la convicción de que la Tierra ocupaba el centro de la creación. Desde ese presupuesto se observaban los movimientos de los cuerpos celestes y se construían explicaciones destinadas a mantener la coherencia del modelo. El problema no era la ausencia de observación, sino que la observación se encontraba organizada por una premisa que no era puesta en duda.

Thomas Kuhn mostró que una parte considerable de la actividad científica se desarrolla dentro de paradigmas compartidos. En los periodos de ciencia normal, los investigadores trabajan aceptando determinados principios teóricos como fundamentos estables. No se cuestiona continuamente el paradigma; se investigan los fenómenos desde él.

Sin embargo, llega un momento en que ciertas anomalías ya no pueden ser explicadas de manera satisfactoria. Cuando el modelo acumula demasiadas contradicciones, puede producirse una transformación revolucionaria: las antiguas premisas dejan de considerarse evidentes y surge una forma diferente de organizar el conocimiento.

Una revolución científica no consiste únicamente en obtener nuevos datos. Supone aprender a observar los mismos fenómenos desde otra perspectiva.

Esta consideración resulta especialmente importante en psicología. Si se parte de la premisa de que todo problema psicológico debe tener una causa interna, se buscará dentro de la persona aquello que supuestamente lo produce. Si se asume que el síntoma es la manifestación actual de un acontecimiento pasado, el tratamiento se orientará hacia la reconstrucción de su origen. Si, en cambio, se considera que el problema surge y se mantiene mediante una secuencia de interacciones, la investigación se dirigirá hacia su funcionamiento presente.

Cada premisa hace visible una realidad diferente y conduce hacia una intervención distinta.

La observación no comienza con los hechos, sino con las distinciones mediante las cuales decidimos qué hechos observar.

El límite de pensar a la persona como un organismo aislado

Una de las premisas más influyentes en la historia occidental ha sido el dualismo cartesiano: la separación entre cuerpo y mente como si fueran dos realidades independientes.

Esta división permitió importantes avances científicos, especialmente al facilitar el estudio del organismo como una estructura material susceptible de ser analizada por partes. Sin embargo, aplicada de forma rígida al sufrimiento humano, también produjo importantes reducciones.

La persona comenzó a ser pensada como un organismo separado de su entorno. Los problemas podían localizarse en el cuerpo o en la mente, mientras las relaciones, los significados y las interacciones quedaban relegados a un papel secundario.

Desde esta perspectiva, el profesional busca aquello que está defectuoso dentro del individuo. El síntoma aparece como la expresión de una alteración interna y la intervención se dirige hacia la corrección de esa supuesta causa.

El límite de esta visión no consiste en reconocer la importancia de la biología. El cuerpo es una condición fundamental de la experiencia humana. La dificultad aparece cuando la biología es tratada como una explicación autosuficiente y se ignora que todo organismo vive, percibe y responde dentro de un contexto.

La persona no existe primero como una unidad cerrada que después entra en contacto con el mundo. Existe desde el comienzo en relación con él. Su experiencia se organiza en el encuentro continuo entre el cuerpo, la percepción, las acciones, las respuestas de otras personas y los significados construidos culturalmente.

De este modo, una reacción no puede comprenderse completamente separándola de la situación en la que aparece. El miedo, la evitación, el control, la desconfianza o el dolor no son únicamente acontecimientos contenidos dentro de una persona. Forman parte de una relación dinámica entre la persona y aquello que percibe como amenazante, incontrolable, peligroso o insoportable.

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Del organismo aislado a la relación cuerpo-mundo: la experiencia se configura en el encuentro continuo entre la persona, sus acciones y el contexto.

De la biología a la fenomenología

La fenomenología permitió cuestionar la imagen de un sujeto separado del mundo que observa.

Desde esta perspectiva, la experiencia no se produce primero en una mente aislada que posteriormente representa una realidad exterior. La persona siempre está situada en el mundo y se encuentra implicada en aquello que percibe. Cuerpo y mundo no constituyen dos elementos independientes que deban conectarse después, sino los polos inseparables de una misma relación.

Esta transformación tiene consecuencias decisivas para la psicoterapia.

Una persona no responde a una realidad completamente objetiva, idéntica para todos. Responde a la realidad tal como la percibe, la vive y la organiza desde su experiencia. Aquello que para una persona constituye una dificultad manejable puede ser percibido por otra como una amenaza insoportable. Ante un mismo acontecimiento pueden aparecer reacciones completamente diferentes porque la experiencia no depende únicamente del hecho, sino de la relación que cada persona establece con él.

Esto no significa que la realidad material no exista ni que todo sea imaginario. Significa que el acceso humano a la realidad siempre ocurre mediante la percepción, la experiencia corporal, el lenguaje y la relación.

La fenomenología desplaza así la pregunta clínica. En lugar de buscar exclusivamente qué ocurre dentro de la persona, permite investigar cómo esa persona está viviendo y organizando su relación con el mundo.

El problema deja de ser una entidad aislada y comienza a comprenderse como una forma particular, repetitiva y rígida de relacionarse con una realidad determinada.

De la fenomenología a la cibernética

Si la fenomenología permite superar la división rígida entre la persona y el mundo, la cibernética ayuda a comprender cómo funciona esa relación.

El término cibernética fue introducido por Norbert Wiener y se relaciona con el arte de gobernar o dirigir el timón. Su campo de estudio se concentra en la elaboración, transmisión y regulación de la información dentro de sistemas complejos, como los seres vivos, las organizaciones y las máquinas.

La cibernética se vincula con la Teoría General de los Sistemas desarrollada por Ludwig von Bertalanffy. Desde esta perspectiva, un fenómeno no puede comprenderse adecuadamente aislando cada una de sus partes. Es necesario observar las relaciones que se establecen entre ellas y los efectos que cada elemento produce sobre los demás.

La consecuencia más importante de este cambio es el paso de una lógica lineal a una lógica circular.

Dentro de una explicación lineal, un acontecimiento A produce un acontecimiento B. Se busca una causa anterior que permita explicar el efecto posterior. Esta lógica puede resultar útil para estudiar determinados fenómenos, pero se vuelve insuficiente cuando se aplica a sistemas humanos complejos.

En una interacción, la conducta de una persona influye en la respuesta de otra, pero esa respuesta modifica a su vez la conducta de la primera. No existe un punto completamente independiente desde el cual comience la secuencia. Cada reacción funciona simultáneamente como efecto de lo anterior y como causa de lo que ocurrirá después.

Una persona teme ser rechazada, por lo que busca confirmaciones constantes. La insistencia genera cansancio y distancia en los demás. Esa distancia es percibida como prueba de rechazo y aumenta la necesidad de pedir nuevas confirmaciones.

¿Qué produjo el problema?

Una respuesta lineal intentaría encontrar el acontecimiento inicial. Una lectura cibernética observa el circuito completo: temor, búsqueda de seguridad, reacción del entorno, confirmación del temor y nueva búsqueda de seguridad.

El elemento decisivo no se encuentra necesariamente en el comienzo histórico de la secuencia, sino en la retroalimentación que permite que continúe repitiéndose.

La pregunta estratégica no busca solamente quién comenzó el problema, sino qué hace posible que el problema continúe.

La retroalimentación: cuando el efecto vuelve sobre la causa

La retroalimentación ocurre cuando los resultados de una acción regresan al sistema y modifican su funcionamiento posterior.

En los sistemas humanos, las respuestas no desaparecen después de producirse. Generan consecuencias que influyen en las percepciones y reacciones siguientes.

Una persona puede evitar una situación porque siente miedo. La evitación reduce temporalmente su ansiedad, por lo que parece haber funcionado. Sin embargo, ese alivio también confirma que la situación era peligrosa y que solo pudo mantenerse a salvo porque escapó. La próxima vez sentirá una necesidad todavía mayor de evitarla.

La solución produce un efecto inmediato favorable, pero fortalece el problema a largo plazo.

Algo semejante ocurre con el control. Una persona intenta vigilar permanentemente sus sensaciones para anticipar una posible crisis. Esta vigilancia aumenta la atención sobre cualquier cambio corporal, amplifica las sensaciones y genera nuevas señales de alarma. Como consecuencia, la persona concluye que debe controlarse todavía más.

La cibernética permite observar estos fenómenos sin reducirlos a una falla interna. Lo relevante es identificar la secuencia de retroacciones mediante la cual la percepción genera una respuesta, la respuesta produce un efecto y ese efecto confirma la percepción inicial.

Esta circularidad constituye una de las bases fundamentales del pensamiento estratégico.

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La solución intentada puede aliviar en el momento y, al mismo tiempo, retroalimentar el problema que busca resolver.

El constructivismo: conocer es construir

La cibernética encontró un complemento decisivo en el constructivismo.

El constructivismo sostiene que la realidad no es simplemente descubierta por una mente que la reproduce de manera exacta. La persona participa activamente en su construcción mediante las distinciones que realiza, los significados que atribuye y las respuestas que pone en marcha.

Esto no equivale a afirmar que no exista un mundo real. La cuestión es que no podemos acceder a él desde una posición totalmente objetiva y exterior. Siempre conocemos desde nuestras categorías, nuestra experiencia, nuestra historia y nuestras formas de percepción.

La conocida formulación atribuida a Protágoras —el ser humano es la medida de las cosas— anticipa esta imposibilidad de separar completamente la realidad conocida de quien la conoce.

Desde el punto de vista clínico, esto significa que las personas no reaccionan únicamente frente a los acontecimientos, sino frente a la realidad que construyen acerca de ellos.

Una sensación física puede ser interpretada como una reacción pasajera o como el anuncio de una catástrofe. Un silencio puede ser vivido como un momento neutral, una forma de desprecio o la confirmación de un abandono. Una dificultad puede percibirse como un desafío, una injusticia, una amenaza o la prueba de una incapacidad personal.

Cada interpretación orienta determinadas acciones. Esas acciones producen consecuencias y las consecuencias pueden terminar reforzando la interpretación original.

El constructivismo y la cibernética convergen, por tanto, en un punto fundamental: la persona participa en la construcción de la realidad a la que después responde, y sus respuestas contribuyen a mantener o transformar esa misma realidad.

De la cibernética a la Terapia Breve Estratégica

La fenomenología ofrece una manera de comprender la relación inseparable entre la persona y el mundo. La cibernética permite estudiar las retroalimentaciones que organizan esa relación. El constructivismo muestra que la realidad humana está mediada por distinciones y significados.

La Terapia Breve Estratégica convierte estas premisas en una práctica concreta orientada al cambio.

Sus antecedentes se encuentran en el trabajo desarrollado en el Mental Research Institute de Palo Alto. Allí se integraron las investigaciones sobre comunicación, interacción y terapia familiar con las aportaciones clínicas e hipnoterapéuticas de Milton Erickson.

El resultado fue una forma diferente de concebir los problemas humanos. En lugar de tratarlos como expresiones aisladas de una causa interna, comenzaron a estudiarse como sistemas de interacción sostenidos por reglas, respuestas repetitivas y circuitos de retroalimentación.

A partir de esta primera formulación surgieron diversos desarrollos dentro del campo de las terapias breves: el modelo centrado en soluciones de Steve de Shazer, las aproximaciones estratégicas familiares de Jay Haley y Cloe Madanes y, posteriormente, el modelo de Terapia Breve Estratégica desarrollado por Paul Watzlawick y Giorgio Nardone.

También se construyeron intervenciones dirigidas a problemas específicos, como el trabajo de Michael Yapko sobre la depresión, las intervenciones de Madanes en casos de abuso sexual y los protocolos desarrollados por Nardone para los trastornos fóbicos, obsesivos, de pánico y de la conducta alimentaria.

Sin embargo, las estrategias utilizadas por estos modelos no surgieron solamente de la psicoterapia moderna. La tradición estratégica incorporó recursos procedentes de las artes persuasivas de los sofistas, el budismo zen, el arte chino de la estratagema y la metis griega: formas de inteligencia orientadas a producir cambios cuando la lógica ordinaria y el enfrentamiento directo resultan insuficientes.

Su objetivo común consiste en romper la rigidez del sistema que mantiene el problema.

Las raíces de la Terapia Breve Estratégica convergen en una mirada relacional y operativa orientada a romper la rigidez del sistema.

La Terapia Breve Estratégica como escuela de pensamiento

La Terapia Breve Estratégica es más que un modelo psicoterapéutico. Es una escuela de pensamiento acerca de cómo las personas construyen su relación consigo mismas, con los demás y con el mundo.

Su postulado fundamental es que la realidad percibida —incluidos los problemas y las formas de sufrimiento— emerge de la interacción entre la persona y aquello con lo que se relaciona.

Desde esta perspectiva, muchos trastornos pueden comprenderse como formas rígidas y disfuncionales de percibir la realidad que generan reacciones igualmente rígidas. Estas reacciones producen consecuencias que terminan confirmando la percepción inicial.

Por eso, el cambio terapéutico no se dirige únicamente hacia los pensamientos, las emociones o la conducta como elementos separados. Busca transformar el sistema perceptivo-reactivo: la configuración recurrente mediante la cual la persona percibe una situación, reacciona ante ella y recibe efectos que consolidan su forma de percibirla.

Cuando se modifica una pieza decisiva de este sistema, la secuencia completa puede comenzar a cambiar.

La persona vive una experiencia diferente, esa experiencia transforma su percepción y la nueva percepción permite respuestas que antes parecían imposibles. El cambio no siempre avanza desde el pensamiento hacia la acción. Con frecuencia, una acción estratégica produce primero una experiencia correctiva y esta transforma posteriormente las emociones y los pensamientos.

Las soluciones intentadas: el punto de acceso al sistema

La contribución más brillante de la Escuela de Palo Alto fue identificar la importancia de las soluciones intentadas.

Cuando una persona enfrenta una dificultad, intenta resolverla utilizando los recursos que conoce. Si una estrategia funcionó anteriormente, es razonable que vuelva a aplicarla ante una situación semejante. Esta tendencia reduce la complejidad del mundo y permite actuar sin tener que inventar una respuesta completamente nueva frente a cada problema.

Sin embargo, una solución eficaz en una circunstancia puede dejar de funcionar en otra. A pesar de ello, la persona puede repetirla con mayor intensidad porque continúa considerándola lógica.

Si controlar una vez produjo seguridad, intentará controlar más. Si evitar redujo el miedo, evitará nuevas situaciones. Si pedir ayuda generó alivio, buscará confirmaciones con mayor frecuencia. Si pensar detenidamente permitió resolver una duda, intentará analizar una duda que, por su propia estructura, no admite una respuesta definitiva.

La solución deja de adaptarse al problema y el problema comienza a adaptarse a la solución.

La Terapia Breve Estratégica utiliza las soluciones intentadas como un reductor de complejidad. En lugar de formular una explicación total acerca de la vida de la persona, identifica las respuestas que se repiten y estudia sus efectos concretos.

Esto permite localizar el punto en el que el sistema se alimenta a sí mismo.

El origen no determina necesariamente la solución

Una de las consecuencias más importantes de esta perspectiva es que no existe un nexo lógico obligatorio entre la forma en que apareció un problema y la manera en que puede resolverse.

El origen puede aportar información relevante. Puede ayudar a comprender el contexto en el que surgió una reacción o el momento en el que comenzó una dificultad. Sin embargo, aquello que inició el problema no siempre es lo mismo que lo mantiene.

Una primera crisis de ansiedad puede aparecer en un periodo de agotamiento. Posteriormente, el problema puede mantenerse por la evitación, el control de las sensaciones, la búsqueda de acompañamiento y las comprobaciones constantes. Aunque el cansancio inicial haya desaparecido, el circuito construido alrededor de la crisis puede continuar funcionando.

Por esta razón, la tradición estratégica desplaza su atención desde la causalidad histórica hacia la persistencia actual.

No pregunta únicamente:

¿Cómo se formó este problema?

También pregunta:

¿Qué ocurre hoy para que continúe existiendo?

Esta segunda pregunta posee una mayor utilidad operativa porque permite identificar dónde intervenir.

De la dificultad al problema

La Terapia Breve Estratégica distingue entre una dificultad y un problema.

Una dificultad puede ser una situación indeseable que admite una solución mediante los recursos habituales o una condición que, al no poder modificarse, necesita ser aceptada y atravesada.

Un problema, en cambio, puede surgir cuando la dificultad es gestionada mediante respuestas inadecuadas que terminan complicándola y cronificándola.

Existen tres movimientos fundamentales mediante los cuales una dificultad puede convertirse en un problema:

  1. Intervenir cuando no se debería intervenir. Se intenta corregir, controlar o eliminar una situación que habría podido resolverse por sí misma o que no requería una respuesta extraordinaria.

  2. No intervenir cuando sí sería necesario. Se posterga una acción indispensable, se evita afrontar una situación o se mantiene una actitud pasiva frente a algo que necesita ser atendido.

  3. Intervenir de una manera inadecuada. Se aplica repetidamente una solución que no corresponde a la estructura de la dificultad y que termina aumentando sus efectos.

Esta distinción evita considerar patológico todo sufrimiento o toda dificultad humana. No cualquier malestar constituye un trastorno. El problema aparece cuando se organiza un sistema de respuestas que transforma una dificultad manejable en una realidad cada vez más rígida.

Allí donde un problema persiste, suele existir una solución que continúa siendo aplicada a pesar de haber dejado de funcionar.

Una epistemología que transforma la intervención

El recorrido desde la fenomenología hasta la Terapia Breve Estratégica no es una discusión exclusivamente filosófica. Modifica de manera concreta el trabajo terapéutico.

Si el terapeuta considera que observa una realidad totalmente objetiva, puede confundir sus propias categorías con propiedades absolutas de la persona. Si busca una causa lineal, puede perder de vista las interacciones que mantienen el problema. Si estudia al individuo de manera aislada, puede ignorar las respuestas del entorno. Si se concentra exclusivamente en el origen, puede comprender ampliamente el pasado sin modificar el funcionamiento presente.

La mirada estratégica exige que el profesional se incluya dentro del proceso de observación. Sus preguntas, explicaciones, prescripciones y formas de comunicación también ingresan en el sistema y producen efectos.

El terapeuta no es un observador completamente externo. Cada intervención modifica aquello que pretende conocer. Una pregunta puede introducir una distinción nueva; una reformulación puede cambiar el significado de una experiencia; una prescripción puede alterar una secuencia repetitiva.

Por eso, la terapia no consiste únicamente en describir correctamente un problema. Consiste en construir una comprensión suficientemente operativa para transformarlo.

Cambiar el funcionamiento para cambiar la experiencia

La Terapia Breve Estratégica no pretende descubrir una verdad psicológica definitiva acerca de la persona. Busca identificar cómo se organiza el problema y qué intervención puede introducir una diferencia capaz de modificarlo.

Esto requiere abandonar las explicaciones excesivamente amplias cuando no producen ninguna orientación práctica. Una formulación clínica es útil cuando permite reconocer la secuencia que mantiene el problema, las soluciones que la alimentan y el movimiento que puede interrumpirla.

En este sentido, la eficacia de la terapia no depende de acumular explicaciones, sino de producir experiencias diferentes.

Cuando la persona comprueba que puede atravesar aquello que evitaba, dejar de responder a una duda, tolerar una sensación sin controlarla o actuar sin solicitar una confirmación, comienza a cambiar su relación con la realidad problemática.

La experiencia modifica la percepción. La percepción diferente permite una reacción nueva. La nueva reacción altera las consecuencias y transforma progresivamente el sistema.

Esta es la dimensión tecnológica de la Terapia Breve Estratégica: convertir una epistemología relacional, sistémica y constructivista en procedimientos concretos capaces de producir cambios observables.

Finalmente

La Terapia Breve Estratégica representa el resultado de una transformación en la manera de estudiar los problemas humanos.

La fenomenología permitió superar la representación de una persona separada del mundo. La cibernética sustituyó la causalidad exclusivamente lineal por el análisis de las retroalimentaciones. La teoría de los sistemas mostró que un fenómeno no puede comprenderse aislando sus componentes. El constructivismo evidenció que toda realidad conocida está mediada por las distinciones de quien observa.

Sobre estas bases, la Terapia Breve Estratégica desarrolló un método para investigar y transformar los sistemas perceptivo-reactivos que mantienen el sufrimiento.

La pregunta deja de ser únicamente qué falla dentro de la persona. Comienza a dirigirse hacia la relación que esa persona ha construido con el problema, las respuestas que repite y los efectos que esas respuestas producen.

Este cambio de perspectiva no niega el cuerpo, la historia ni el sufrimiento. Los sitúa dentro de una comprensión más amplia, capaz de estudiar las relaciones y secuencias mediante las cuales una dificultad puede convertirse en un problema persistente.

Antes de intervenir, por tanto, es necesario revisar las premisas desde las cuales observamos. Porque una forma inadecuada de explicar un problema puede mantenernos atrapados en él, mientras una descripción operativa puede mostrar el punto exacto desde el cual comenzar a transformarlo.

No basta con saber qué es el problema. Para cambiarlo, necesitamos descubrir qué lo mantiene funcionando.

Ideas centrales

  • La ciencia no observa desde una posición neutral; toda observación parte de premisas.
  • La fenomenología sustituye la separación rígida cuerpo-mente por la relación cuerpo-mundo.
  • La cibernética estudia los circuitos de información y retroalimentación presentes en los sistemas complejos.
  • Los problemas humanos no siempre responden a una causalidad lineal.
  • El constructivismo sostiene que la persona participa en la construcción de la realidad ante la que reacciona.
  • La Terapia Breve Estratégica convierte estos fundamentos en una metodología concreta de intervención.
  • Las soluciones intentadas pueden transformar una dificultad inicial en un problema persistente.
  • La formación del problema y su solución no necesariamente siguen la misma lógica.
  • El objetivo terapéutico consiste en modificar el sistema perceptivo-reactivo que mantiene el sufrimiento.
  • Una nueva experiencia puede transformar la percepción y hacer posibles respuestas diferentes.

Créditos y fuente

Sojo, D. (2024). *El libro del dolor crónico y su cura*.

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